
Diego Bettancourt pudo descansar un rato su backside en la izquierda.

Tuvieron cuatro días seguidos con un buen swell. Aecio Flavio.

Pedro Barbudo es el que más tiempo pasó dentro del tubo en todo el viaje.

Hubo días que las olas pasaron de dos metros. Nuno Telmo.

La ola de Punta Preta rompía con 200
metros de recorrido y nos dijeron que cuando las condiciones acompañan, podía llegar a
los 500 metros.
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Expedición a la Isla do Sal
6:30 a.m.: Suena el despertador seguido por el
sonido de las campanas y por el inconfundible grito de "Banaaaaanas, tengo
banaaaaanas", que daba la vendedora de una forma muy estridente. Este ritual se
repitió con la precisión de un reloj durante los doce días que duró nuestra estancia
en estea inhóspita y extraña isla cuyo nombre parece referirse a las olas perfectas que
allí rompen ya que son la sal que dan vida a este paisaje desértico.
Acto seguido del griterio todos se levantan y seguían la rutina diaria: recoger los
trastos, preparar las tablas y desayunar mucho y barato. Un día charlando con un local,
le preguntábamos cuándos días de media llovía por año ¿dos tal vez?,
"ninguno" nos respondió. En esta isla no llueve y el sol castiga 200 días por
año. Y si a eso le unimos una temperatura de 30º en invierno, nos explica por qué allí
la vegetación no existe a excepción de unos pocos oasis que aparecen esporádicamente en
medio de una tierra que nos recuerda al planeta Marte. A pesar de esto, la Isla do Sal no
deja de tener propia belleza.
El pico que más nos atrajo de la isla fue Punta Preta, una derecha fantástica donde
desde hace dos años se hace una etapa del Trigoly, una de las mejores pruebas de
windsurf. La ola es larga y rápida con muchos tubos y secciones concebidas para ser
destrozadas. Es a este spot donde ibamos todos los días para chequear las condiciones del
mar. Si la punta no funcionaba, tomábamos una carretera que nos llevaba a lo largo de la
costa oeste pasando por una interminable cantidad de picos surfeables, la mayor parte de
ellos, dependiendo del swell, con olas fantásticas: izquierdas, derechas, tuberas, para
maniobras.... y todas con aguas cristalinas. La parte más consistente de la isla se
encontraba a la izquierda de una población llamada Palmeira que estaba en una bahía
enorme que culminaba en una montaña. En esta bahía infinidad de picos de derecha de
mnediana calidad y todos muy parecidos con la variante de que iban disminuyendo de tamaño
según avanzabas por la bahía.
Durante los primeros días de nuestra estancia no tuvimos olas a excepción de una
pequeña derecha que rompía al lado del aeropuerto. La "dereitinha" era
perfecta en la más puro sentido de la palabra pero no conseguimos verla con más de medio
metro. A partir del tercer día llego el swell deseado. Por la mañana temprano. Paulinho
y yo teníamos que ir pronto al aeropuerto a recoger al famoso fotógrafo Chris Van Lennep
cuando todavía era de noche. Al volver pudimos ver como rompían las olas. En un estado
de éxtasis despertamos al resto de la manada y nos fuimos directos a la playa. Punta
Preta estaba de dos metros y a veces más. El viento invariablemente off shore los 365
días del año, alisaba las enormes paredes verde claras levantando grandes esprays cada
vez que llegaba la serie de cinco o seis olas. Un poco más a la izquierda del pico,
entraba una izquierda tubera que rompia como Pipeline sobre las rocas. Allí enseguida
fueron Chris y Paulinho, dos especialistas en la materia. A pesar de que Van Lennep estaba
allí con Conan Hayes y otro compinche realizando un reportaje para Surfing, no dudó en
fotografiar a los portugueses que lo estaban haciendo francamente bien. Y es que no era
para menos, la izquierda era simplemente animal. La ola era una enorme masa de agua que
entraba con fuerza bruta y que no dejaba opción a los surfers de vacilar ya que sino se
iban directos a las rocas. Era una visión fantástica y fue una pena que sólo hubiese
dos goofies en el grupo. En cuanto a Punta Preta la ola rompía con 200 metros de
recorrido y nos dijeron que cuando las condiciones acompañaban, podía llegar a los 500
metros. Es una ola muy rápida que alterna secciones tuberas con otras que parecen estar
hechas por encargo para realizar maniobras. Cuanto más tamaño tiene, es más perfecta ya
que las diferentes secciones se combinan mejor entre sí. Si en este lado de la isla
siempre hay off shore, está claro que en el otro lado es todo lo contrario, es por ello
que no fuimos. Además no nos apetecía mucho ya que esa zona está infestada de
tiburones de todas las especies. Nosotros por fortuna no vimos ninguna pero Pedro Flores
vió varias ballenas. Algo mucho más agradable. Al final el swell desapareció y el resto
de los días los llevamos como pudimos con una rutina bastante aburrida. Aunque el mar
estaba pequeño, hubo días que la gozamos con olitas de medio metro pero que eran
perfectísimas. Y si no querías surfear siempre podías pescar. Algún francés se puso
morado a peces a dos metros de la orilla en apenas quince minutos. Y así
transcurrió nuestra estancia en la Isla do Sal inflándonos a comer langosta y hacer
barra. En el avión de vuelta sentíamos todavía el peso de las langostas.
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