CABO VERDE
la sal de la vida
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Texto y fotos : Pedro Jorge          55/99    surfer rule


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Diego Bettancourt pudo descansar un rato su backside en la izquierda.

 


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Tuvieron cuatro días seguidos con un buen swell. Aecio Flavio.


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Pedro Barbudo es el que más tiempo pasó dentro del tubo en todo el viaje.


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Hubo días que las olas pasaron de dos metros. Nuno Telmo.


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La ola de Punta Preta rompía con 200 metros de recorrido y nos dijeron que cuando las condiciones acompañan, podía llegar a los 500 metros.

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Expedición a la Isla do Sal

6:30 a.m.: Suena el despertador seguido por el sonido de las campanas y por el inconfundible grito de "Banaaaaanas, tengo banaaaaanas", que daba la vendedora de una forma muy estridente. Este ritual se repitió con la precisión de un reloj durante los doce días que duró nuestra estancia en estea inhóspita y extraña isla cuyo nombre parece referirse a las olas perfectas que allí rompen ya que son la sal que dan vida a este paisaje desértico.
Acto seguido del griterio todos se levantan y seguían la rutina diaria: recoger los trastos, preparar las tablas y desayunar mucho y barato. Un día charlando con un local, le preguntábamos cuándos días de media llovía por año ¿dos tal vez?, "ninguno" nos respondió. En esta isla no llueve y el sol castiga 200 días por año. Y si a eso le unimos una temperatura de 30º en invierno, nos explica por qué allí la vegetación no existe a excepción de unos pocos oasis que aparecen esporádicamente en medio de una tierra que nos recuerda al planeta Marte. A pesar de esto, la Isla do Sal no deja de tener propia belleza.
El pico que más nos atrajo de la isla fue Punta Preta, una derecha fantástica donde desde hace dos años se hace una etapa del Trigoly, una de las mejores pruebas de windsurf. La ola es larga y rápida con muchos tubos y secciones concebidas para ser destrozadas. Es a este spot donde ibamos todos los días para chequear las condiciones del mar. Si la punta no funcionaba, tomábamos una carretera que nos llevaba a lo largo de la costa oeste pasando por una interminable cantidad de picos surfeables, la mayor parte de ellos, dependiendo del swell, con olas fantásticas: izquierdas, derechas, tuberas, para maniobras.... y todas con aguas cristalinas.  La parte más consistente de la isla se encontraba a la izquierda de una población llamada Palmeira que estaba en una bahía enorme que culminaba en una montaña. En esta bahía infinidad de picos de derecha de mnediana calidad y todos muy parecidos con la variante de que iban disminuyendo de tamaño según avanzabas por la bahía.
Durante los primeros días de nuestra estancia no tuvimos olas a excepción de una pequeña derecha que rompía al lado del aeropuerto. La "dereitinha" era perfecta en la más puro sentido de la palabra pero no conseguimos verla con más de medio metro. A partir del tercer día llego el swell deseado. Por la mañana temprano. Paulinho y yo teníamos que ir pronto al aeropuerto a recoger al famoso fotógrafo Chris Van Lennep cuando todavía era de noche. Al volver pudimos ver como rompían las olas. En un estado de éxtasis despertamos al resto de la manada y nos fuimos directos a la playa. Punta Preta estaba de dos metros y a veces más. El viento invariablemente off shore los 365 días del año, alisaba las enormes paredes verde claras levantando grandes esprays cada vez que llegaba la serie de cinco o seis olas. Un poco más a la izquierda del pico, entraba una izquierda tubera que rompia como Pipeline sobre las rocas. Allí enseguida fueron Chris y Paulinho, dos especialistas en la materia. A pesar de que Van Lennep estaba allí con Conan Hayes y otro compinche realizando un reportaje para Surfing, no dudó en fotografiar a los portugueses que lo estaban haciendo francamente bien. Y es que no era para menos, la izquierda era simplemente animal. La ola era una enorme masa de agua que entraba con fuerza bruta y que no dejaba opción a los surfers de vacilar ya que sino se iban directos a las rocas. Era una visión fantástica y fue una pena que sólo hubiese dos goofies en el grupo. En cuanto a Punta Preta la ola rompía con 200 metros de recorrido y nos dijeron que cuando las condiciones acompañaban, podía llegar a los 500 metros. Es una ola muy rápida que alterna secciones tuberas con otras que parecen estar hechas por encargo para realizar maniobras. Cuanto más tamaño tiene, es más perfecta ya que las diferentes secciones se combinan mejor entre sí. Si en este lado de la isla siempre hay off shore, está claro que en el otro lado es todo lo contrario, es por ello que no  fuimos. Además no nos apetecía mucho ya que esa zona está infestada de tiburones de todas las especies. Nosotros por fortuna no vimos ninguna pero Pedro Flores vió varias ballenas. Algo mucho más agradable. Al final el swell desapareció y el resto de los días los llevamos como pudimos con una rutina bastante aburrida. Aunque el mar estaba pequeño, hubo días que la gozamos con olitas de medio metro pero que eran perfectísimas. Y si no querías surfear siempre podías pescar. Algún francés se puso morado a peces a dos metros de la orilla en apenas quince minutos. Y así   transcurrió nuestra estancia en la Isla do Sal inflándonos a comer langosta y hacer barra. En el avión de vuelta sentíamos todavía el peso de las langostas.

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(c) Agustín Muniain - SURFER RULE 1999