¡Olé! Improvisada Sesión.
Una llamada extraordinaria del
internauta-metereólogo Eduardo Acosta hicieron de esa noche, principios de febrero, la
más lenta e intranquila que recuerde. Son los momentos en que te imaginas lo que te puede
esperar al día siguiente, al amanecer: un mar ordenado, series, que rondan el metro,
"off-shore" y rebelión de colores exhibiendo posturas. Tubeando como mínimo
cuatro segundos en absoluto deleite. "En breves instantes llegaremos al puerto
marítimo de Las Palmas de Gran Canaria, bla, bla, bla..." Acelera, capullo, que la
marea está en su salsa y el sol me fastidiará de frente. Menos mal que el servicio es
ultrarápido, si no otra nochecita encantadora....
El correcto y puntual Eduardo calmó los nervios en su escarabajo al oír que dentro de
pocas horas sería el punto óptimo de la derechona que reúne los ingredientes perfectos,
dicho, escalofriante lastra. Bahía mítica. En medio de esa redonda ciudad cosmopolita,
transcurrieron los tres completísimos días en los que pude captar la pura adrenalina
salvaje que la omnipotente ola del Confital. Años en ese huecazo ha convertido a
los locales, ya sean del Confital, las Canteras u otros lugares, en consumados tuberiders.
El Confital conlleva placer, riesgo, respeto, superación, pero por encima de las demás
rompientes canarias, tradicción surfeera, una vida que rebosa historia. Así se reflejó
a principios de los 70: Canarias, vascos, extranjeros, etc. rompiendo la hegemonía,
originando y no reemplanzando a una generación devoradora y experta en tubos. No estaban
todos los que son, sin embargo la numerosa multitud para una golosina tan rica ya supone
masificación. Estuve dentro de él, lo palpé. lo sentí, incluso parecía estar
presenciando la final mundial de fútbol en primera fila junto al árbitro. ¡Que lujo!. A
Eduardo Acosta, los hermanos Araya, Pompo, Félix Ortega, Machín, Fernando Roca, Antín y
muchos más que no recuerdo sus nombres, saludos y dulces tubos. |