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Aquella
fue una de mis mayores cagadas de mis 17 años de surfero pero, ¿quién lo iba a
imaginar?.
Lo más gracioso es que justo la víspera de mi salida hacia una isla del Mediterráneo
con
mi familia mi amigo Tom me preguntó: "¿Qué Jota? ¿Te llevarás aunque sea la
tabla pequeña, no?" Le respondí, entre risas que debía estar loco si pensaba que
podía haber olas en el Mediterráneo en pleno mes de Julio. Tres días más
tarde,
mientras estaba tirado en una playa jugando con los críos, me fije en que empezaba a
marcar una ola en un fondo de roca y me imaginé a mi mismo tamaño pitufo surfeándola.
Alucinaciones. Al despertarme de una breve siesta miré de nuevo la ola y empecé a darme
cuenta de que estaba subiendo el mar y se podía surfear sin problemas. Al poco tiempo dos
corcheros se tiraron al agua. Aquello ya empezaba a ponerme nervioso y empecé a mirar a
todas partes a ver si había alguien con tabla y..... ¡SÍ! allí iban dos tipos por un
acantilado con tablas, con unas sonrisas gigantescas en sus caras. Comencé a correr hacia
ellos como un loco preguntándoles si surfeaban allí y me indicaron que siguiera el
camino por el que ellos volvían y que vería algo que me iba a hacer alucinar.
El sendero serpenteaba por el
acantilado rodeado por todas partes de plantas aromáticas que iba rozando a medida que
volaba resoplando sobre las rocas y mientras me repetía: "no puede ser, no puede
ser..." con el corazón a 150 pulsaciones. Tras el recodo la vía allá bajo,
rompiendo perfecta derecha, hueca sobre la roca repleta de erizos. A la inmensa alegría
de descubrir que había una ola de gran calidad en la isla, se unió sin embargo la
decepción de no poder surfearla por haberme dejado la tabla en casa. |
Menos
mal que los locales, todos chavales jóvenes en el más puro espíritu soul surfer que ya
no queda en el norte ni en las zonas clásicas de olas, me brindaron su amistad
compartiendo sus historias y tablas conmigo (lástima que fueran todas tan estrechas y
delgadas para mí).
Damián, Ricardo,
los trillizos, Txabi, Bernat y los demás: gracias por dejarme compartir vuestra
joya los días que estuve allí. El año que viene me llevaré una tabla cuando vuelva a
vuestra maravillosa isla. ¡Seguro! |