MENORCA
Un secreto bien guardado

Texto y Fotos: Juantxo Elosegi
surfer rule 53/98      

 








Aquella fue una de mis mayores cagadas de mis 17 años de surfero pero, ¿quién lo iba a imaginar?.
Lo más gracioso es que justo la víspera de mi salida hacia una isla del Mediterráneo con mi familia mi amigo Tom me preguntó: "¿Qué Jota? ¿Te llevarás aunque sea la tabla pequeña, no?" Le respondí, entre risas que debía estar loco si pensaba que podía haber olas en el Mediterráneo en pleno mes de Julio. Tres días más tarde, mientras estaba tirado en una playa jugando con los críos, me fije en que empezaba a marcar una ola en un fondo de roca y me imaginé a mi mismo tamaño pitufo surfeándola. Alucinaciones. Al despertarme de una breve siesta miré de nuevo la ola y empecé a darme cuenta de que estaba subiendo el mar y se podía surfear sin problemas. Al poco tiempo dos corcheros se tiraron al agua. Aquello ya empezaba a ponerme nervioso y empecé a mirar a todas partes a ver si había alguien con tabla y..... ¡SÍ! allí iban dos tipos por un acantilado con tablas, con unas sonrisas gigantescas en sus caras. Comencé a correr hacia ellos como un loco preguntándoles si surfeaban allí y me indicaron que siguiera el camino por el que ellos volvían y que vería algo que me iba a hacer alucinar.

El sendero serpenteaba por el acantilado rodeado por todas partes de plantas aromáticas que iba rozando a medida que volaba resoplando sobre las rocas y mientras me repetía: "no puede ser, no puede ser..." con el corazón a 150 pulsaciones. Tras el recodo la vía allá bajo, rompiendo perfecta derecha, hueca sobre la roca repleta de erizos. A la inmensa alegría de descubrir que había una ola de gran calidad en la isla, se unió sin embargo la decepción de no poder surfearla por haberme dejado la tabla en casa.

             Menos mal que los locales, todos chavales jóvenes en el más puro espíritu soul surfer que ya no queda en el norte ni en las zonas clásicas de olas, me brindaron su amistad compartiendo sus historias y tablas conmigo (lástima que fueran todas tan estrechas y delgadas para mí).

Damián, Ricardo, los trillizos, Txabi, Bernat y los demás: gracias por dejarme compartir vuestra joya los días que estuve allí. El año que viene me llevaré una tabla cuando vuelva a vuestra maravillosa isla. ¡Seguro!


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